lunes, 21 de abril de 2008

LA AVARICIA

La avaricia es una enfermedad incurable, la que con los años se va agravando, la mayor alegría que es morir abrazando su tesoro. Había en Logrosan una familia muy conocida por dedicarse a vender pan, eran los Suaves. Ellos a su vez, heredaron de su padre esta profesión con la que los había mantenido, decorosamente. Los Suaves eran cuatro hermanos, Pepa, Antonio, Chuchi y Sunci .
Ninguno se había casado habían estado juntos toda la vida. Ya eran muy mayores y sin embargo, trabajaban como hormigas y acumulaban todo lo que ganaban, para pasar una vejez tranquila. Cuenta la leyenda que estos personajes vivían en una casa de su propiedad. Los cuatro colaboraban en hacer un exquisito panecillo que era una delicia.
las personas hacían cola, pero también repartían a domicilio, Antonio era el encargado de llevar todos los días el pan caliente a sus clientes.
Eran amables, afectuosos con las personas pero no intimidaban con nadie, los Suaves habían formado su circulo.
Gracias al ahorro de la familia habían logrado reunir cerca de 100 mil euros , dinero que con frecuencia contaban uno por uno de los Suaves, sintiendo gran satisfacción de tener reunido ese dineral. Los días pasaban y los Suaves seguían acumulando su dinero que lo guardaban en una petaca. Un día idearon que sería bueno enterrarlo en la pequeña huerta que había atrás de la casa, por sospechar que la gente se había dado cuenta que tenían dinero y por miedo de que se los fueran a robar.
Así lo hicieron, y cerca de un granado cavaron un hoyo y guardaron aquella petaquilla. Los cuatro hacían tertulia en la huerta, sacaba cada uno su silla y se sentaba alrededor del granado.
Los años pasaban irremediablemente, y cada día los Suaves eran más ancianitos. Murió Chuchi, la mayor, dejando el encargo a sus hermanos que cuidaran su dinero, que no despilfarraran, recordándoles que "la economía es la base de la riqueza".
La muerte de Chuchi unió más a los Suaves, que seguían trabajando, haciendo el pan que disfrutaban los vecinos del barrio y llevando su misma vida ordenada, rayando en la miseria. Al poco tiempo, Pepa fue a reunirse con su hermana Chuchi, que había fallecido meses antes.
Y no soportando Asun el dolor, al poco tiempo también murió, dejando solo a su hermano menor Antonio, no sabía qué hacer, no podía decidir nada, ya que los cuatro lo hacían juntos. Se sintió solo en la vida, por lo que acepto irse a vivir a un lado de la capilla, en la casa su sobrino, un sacerdote muy querido y respetado en el barrio por considerárle como un "santo".
Poco tiempo estuvo en la casa del cura, ya que falleció de tristeza y soledad. La fábula que pasó de generación en generación, fue que después de algún tiempo, la Casa de los Suaves, también fue vendida por el sacerdote, las personas que la compraron, contaban que veían todas las tardes sentados alrededor del árbol de granado agrio, a los cuatro viejitos, y que oían sus voces como que hablaban.
Alguien les dijo que seguramente había un entierro... ellos no dijeron nada, pero pronto se les vio progresar, al poco tiempo dejaron el barrio y se fueron a vivir fuera de Logrosan, se dijo que a Caceres capital. Lo cierto es que los Suaves se sacrificaron toda su vida por hacer un capital, trabajaron sin descanso por gozar de tenerlo, y otros sin merecimiento, disfrutaron del tesoro de "los Suaves".
MORALEJA: ES PRECISO COMPARAR EL AVARO CON EL CERDO, SON SOLO UTILES DESPUÉS DE MUERTOS