lunes, 21 de abril de 2008

LA ENVIDIA

Una mujer tenía tres hijas: la mayor se llamaba Una Tetita, porque sólo tenía un teta en medio del pecho; la segunda se llamaba Dos Tetitas, porque tenía dos tetas como todo el mundo; y la tercera se llamaba Tres Tetitas, porque tenía las dos de todo el mundo, más una de propina en el medio de las otras dos. Y como la segunda era igual que todas las personas, ni su madre ni sus hermanas la podían soportar. Siempre le estaban diciendo: -- ¡ Qué niña más ordinaria! No te distingues nada de la gente corriente; no pareces de nuestra familia. Un día, la mandaron al campo a cuidar la cabra; y la niña estaba llorando porque tenía hambre. En esto, vio a una mujer que le dijo: -- Dos Tetitas, ¿ por qué lloras?. -- ¡ soy muy desgraciada! Tengo dos tetas como todo el mundo, y ni mi madre ni mis hermanas me quieren, me tienen desde hace tres días sin comer. Y la mujer que era un hada, le dijo: -- No llores así; toma estas semillas y las entierras delante de la puerta de tu casa. Ya verás como eso te trae suerte. Dos Tetitas se guardó las semillas, y por la noche fue a enterrarlas sin que la vieran, delante de la puerta. Y a la mañana siguiente delante de la puerta había un árbol hermosísimo, que tenía hojas de plata y frutos de oro. Sólo Dos Tetitas sabía que era un árbol mágico. La madre dijo entonces a Una Tetita : --Trepa al árbol, hija, y coge las frutas. Un Tetita trepó al árbol, pero cada vez que iba, la rama se le escapaba de las manos. No consiguió coger ni una sola manzana de oro, y la madre dijo: -- Tres Tetitas, sube tú al árbol, Tres Tetitas subió, pero le pasó lo mismo. Dos Tetitas dijo entonces: -- Voy a subir yo; a lo mejor, puedo coger las manzanas. -- ¡ Tú, y tus dos tetas! ¡Qué vas a poder! Pero la niña trepó al árbol, y las ramas no se le escapaban, sino que le acercaban las manzanas; y sus hermanas, llenas de envidia, empezaron a pegarle. Un día vieron llegar a un caballero joven y guapo, y las hermanas dijeron: -- ¡ Vete, vete, Dos Tetitas! ¡Que no te vea el caballero, que nos dará vergüenza, con lo ordinaria que eres! Como el caballero ya se acercaba, metieron a Dos Tetitas dentro de un tonel. El caballero paró el caballo y se puso a mirar al árbol. -- ¡ Qué árbol más hermoso! ¿ De quién es? Daría lo que fuera por una de sus ramas. Tres Tetitas y Un Tetita dijeron que el árbol era de ellas, y que le regalarían una de las ramas; pero las ramas no se dejaban coger. Entonces dijo el caballero: -- ¡ Qué raro! Si el árbol es vuestro, ¿cómo no podéis coger una rama? Las hermanas seguían diciendo que el árbol era suyo; pero dos Tetitas, que lo estaba oyendo todo dentro del tonel, echó a rodar unas cuantas manzanas hasta los pies del caballero. Al ver las manzanas de oro, el caballero se quedó muy asombrado y preguntó de dónde venían. Una Tetita y Tres Tetitas dijeron que tenían una hermana, pero que no dejaban que nadie la viera porque era una niña muy ordinaria, con dos tetas como todo el mundo. El caballero dijo que la quería ver, y como las hermanas no le hacían caso, él gritó: -- ¡ Dos Tetitas! La niña salió del tonel, era una niña guapísima, y el caballero le dijo: -- Dos Tetitas, ¿ quieres cortarme una rama del árbol? -- Con mucho gusto. Trepó al árbol y cortó una rama. Y él preguntó: -- ¿ Qué quieres a cambio de esta rama? -- Que me lleves contigo, Aquí me tratan muy mal, Entonces el caballero subió a Dos Tetitas a su caballo, y se la llevó a su ciudad y como el caballero la quería tanto, se casó con ella y la monto una tienda de lencería. Las dos hermanas se morían de envidia al ver que Dos Tetitas se había marchado con el caballero. Se querían consolar pensando que por lo menos tenían el árbol mágico. Pero a la mañana siguiente, el árbol había desaparecido y las hermanas se quedaron sin nada.